¡Hola Tú!

Te recibo con inmensa alegría, eres bienvenido a este lugar, hasta ahora privado y celosamente guardado.

La entrada está despejada, ya quité los obstáculos que no dejaban ver lo que había allí atrás, al fondo de todo.

Ya limpié los miedos, la prudencia, la falsa humildad, la duda, el control, la vergüenza, ya me quité la máscara de humana perfecta y responsable.

Te doy la bienvenida al interior de mi mente, donde de hecho, siempre has estado y sigues estando.

Lo que sea que hayas venido a encontrar, te aseguro que está, pues tú mismo lo pusiste aquí.

Ven conmigo y exploremos juntos, juguemos a jugar, a descubrir lo que compartimos, aún sin saber que siempre lo hemos hecho.

Te abro mi puerta, acércate y entra.

No alcanzo a saber qué, cómo y cuánto, pero importa bien poco o nada, solo quiero recibirte y para ello, solo puedo darme a Ti.

Adelante, estás en tu casa, gracias por estar aquí.