UCDM y yo

Y tras la separación, el sueño, el mundo conocido

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Como quiera que sea, ahora una parte del Hijo cree ser algo diferente de lo que es.

La separación entre Padre e Hijo, entre Pensamiento y Fuente, es imposible, por tanto el sueño parece ocurrir pero no ocurre. El Hijo parece dormir pero sigue siendo lo que es, tan solo ha “acomodado” una parte de su mente (eso que hospeda el poder creativo del espíritu) para poder experimentar su fantasía.

Así, la mente parece estar dividida; una parte duerme y fabrica su sueño, y la otra mantiene el conocimiento de ser el Hijo de Dios.

El Hijo está en comunicación permanente con su Padre, aunque solo la parte que NO duerme, mantiene el conocimiento de Ser lo que Es.

Dios honra (respeta) las creaciones de su Hijo, pues fue creado libre para crear lo que quisiera, aunque el deseo de ser algo diferente a lo que es, solo puede darse a modo de ilusión o fantasía.

El Padre bendice el sueño de su Hijo, no interviene ni lo afecta en modo alguno. El sueño debe ser como su hijo desee que sea, pues aun siendo una ilusión, es su creación.

No obstante, el Padre establece que haya un nexo, un canal de comunicación permanente con Él, que su Hijo pueda utilizar si así lo desea, un recurso a su disposición que los mantenga unidos dentro del sueño; el Espíritu Santo, la Voz de Dios en la mente del Hijo.

Y de igual modo que la Creación se dio en el marco de la libertad y fue necesario el consentimiento entre Creador y Creado, en el momento de crear al Espíritu Santo en la mente del Hijo, Éste nuevamente dijo “Si Padre”.

Y así, el pensamiento de separación, la aventura del Hijo dormido, bendecida por Dios a través del Espíritu Santo, no afectó de ninguna manera a la Creación, Padre e Hijo se extienden eternamente.

Dice el Curso, que el sueño, “la alocada idea de la que el Hijo de Dios olvidó reírse”, duró apenas un instante imperceptible en la eternidad, pero suficiente para que pareciera tener consecuencias reales.

Según el Curso, el sueño ya terminó. Lo que creo estar viviendo ahora es la recreación de aquella aventura, de aquel instante.

Pues vaya tela

Sigamos…


Dios, su Hijo, la Creación, la Unidad indivisible, no puede ser contenida. Sigue dando más y más de Sí Misma en un movimiento infinito y eterno, por tanto, el Hijo de Dios, siendo la Creación, participa de ella extendiéndose.

Así ha sido creado, esa manera de ser, de existir, es genuina en el Hijo, es su esencia, y soñando o no, no puede cambiar ese movimiento.

Pero ocurre, que ahora él, el pensamiento que sueña, ha olvidado quién es y se ha identificado con las características de lo que ha imaginado (ego). Ya no se reconoce como el Hijo de Dios, ni reconoce su Unión Indivisible.

Así, en su movimiento natural de extenderse, lo que hace es fragmentarse, pues cree estar separado.

Ese movimiento que hace el hijo dormido, es la proyección.

La Creación se extiende como un Todo. La proyección es un fragmento del Todo.

Importante recordar que todo se da en la mente del espíritu dormido. Ese es el origen, la causa de todos los efectos (ilusiones, apariencias) que el hijo dormido fabrica dentro de su sueño.

El hijo o espíritu dormido se proyecta en infinitos aspectos de sí mismo.

Cada uno de esos fragmentos cree ser una identidad separada, que cuenta con una mente individual.

Desde esa mente aparentemente individual, proyecta el cuerpo, un recipiente donde parece estar contenida. En ese movimiento, se invierte causa y efecto, pues la mente deja de parecer la causa u origen. Ahora resulta difícil aceptar que el cuerpo es una idea contenida y fabricada en la mente.

El diseño del cuerpo incorpora elementos de distorsión, los sentidos. Ellos actúan bajo las órdenes de la mente, siguen siendo una idea fabricada en la mente, pero se ha invertido el orden de causa y efecto, y ahora parece que son los sentidos los que informan a la mente. Pero es justo al revés:

“El oído traduce, no oye. El ojo reproduce, no ve [..]

Responden a las decisiones de la mente [..]”

UCDM, Anexo psicoterapia, 2, VI

Inherente a la ilusión de la separación entre cuerpos, aparece la percepción del espacio, otra maniobra que le confiere apariencia de realidad a la desunión.

Otra característica que contiene el sueño, es el olvido, algo necesario para poder permanecer en modo “fantasía”.

De manera que a la proyección le sigue el olvido.

Y si algo es el Hijo de Dios, es creativo, así que al olvido se le dota de un atributo que vela su propósito y lo oculta con maestría, el tiempo.

La última pieza de este puzzle, es la percepción. Una vez se ha proyectado una idea, y se ha olvidado, estoy lista para percibirla como algo real y externo, respaldada por todos los elementos diseñados para dar apariencia de realidad a la ilusión.

Un espíritu aparentemente desvinculado de su verdadera esencia, identificado con una mente individual, que se cree un cuerpo, que utiliza sus sentidos, el espacio y el tiempo para validar la totalidad del sueño.

Ha nacido un nuevo sistema de pensamiento, el mundo que conozco, la alianza entre “la parte” del espíritu dormida y el ego.

¡El espectáculo está servido¡



¿Cómo llevo esto a mi experiencia aquí, cómo se ensambla en mi vida?

La cosa es relativamente simple.

Aunque soy espíritu, me identifico como una entidad individual y separada del resto (ego).

A pesar de que me identifico con una identidad individual y separada, sigo siendo el Hijo de Dios, sigo siendo libre, y sigo teniendo un poder creativo ilimitado, y eso no lo puedo cambiar, por más que haya decido olvidarlo, para vivir mis ilusiones.

Por tanto, en mi experiencia, todo lo que ocurre, sin excepción, es deseado y creado al instante y de forma plenamente libre por mí, aunque me empeñe en olvidarlo.

Así es el poder creativo ilimitado, y así es la libertad completa. Si soy libre para elegirlo Todo porque lo soy Todo, no hay nada que pueda sucederme que sea en contra de mi voluntad.

Del mismo modo, como sigo siendo espíritu, continuamente estoy haciendo el movimiento natural de extenderme, solo que aquí, en el sueño, al no creerme un Todo Indivisible, lo que hago es proyectarme (fraccionar el Todo que soy en fragmentos del Todo)

Y como en mi experiencia no puede haber nada que yo no haya deseado y creado, el mundo que veo, absolutamente todo, responde a mis deseos, a las ideas y conceptos que hay en mi mente.

O lo que es lo mismo, el mundo que veo es una proyección de mí, del conjunto de ideas que hay en mi mente y que conforman lo que creo ser.

Una vez que he proyectado una idea en el mundo (un aspecto de mí o acerca de mi), utilizo el olvido, de manera que pierdo el hilo de conexión con esa proyección de mí, que “he lanzado” fuera de mí.

Entonces, mediante la percepción y apoyada por la función de mis sentidos, me topo en el mundo con algo que identifico como ajeno a mí, que no tiene que ver conmigo, algo que alguien o las circunstancias, debieron poner ahí, pero de lo que absolutamente y sin duda, yo no soy responsable.

Por las dudas, la ilusión del tiempo intensifica la ruptura del vínculo consciente entre mi proyección y la percepción de la misma, dificultando todavía más el reconocimiento de la conexión entre ellas.

Y para sellar el círculo, al percibir de nuevo la idea (que estaba en mí y que yo proyecté), ésta vuelve a mi mente y lo hace con más fuerza, se enraíza como una creencia sólida, constatada y certificada.

Y todo vuelve a empezar.

¿Es magistral o no?


Otra vuelta, algo más concreto, visto desde donde estoy, en el sueño, pero que de momento es mi realidad:

Soy una mujer, me llamo Evelyn (ego)

Hoy, un colaborador externo con el que tengo una excelente relación profesional, me ha comunicado que ya no será mi interlocutor, otra persona ocupará su lugar (percepción de mi proyección)

La noticia me ha entristecido y por supuesto, considero que la decisión que ha tomado su empresa, no tiene nada que ver conmigo, que soy receptora o víctima de la situación. Creo firmemente, que no hay nada que yo hubiera podido hacer para que eso hubiera sido diferente (olvido, pérdida de conexión con la causa; mi idea o pensamiento)

Entre la infinidad de ideas y conceptos que hay en mi mente, es decir, que para mí son verdad y son reales, uno de ellos es que “lo bueno no dura mucho tiempo” (creencia)

Esa idea que está alojada en mi mente, fue proyectada en algún momento. Lo que quiere decir, que en algún momento, tomé el Todo que soy, lo fraccioné y elegí una porción que dice que “a mí lo bueno me dura poco” (proyección)

Yo no tengo ni idea de cuando decidí que tal cosa era cierta, pero lo hice, para mí es un hecho (tiempo, ilusión de separación)

Ahora me topo con el efecto, la consecuencia, de la proyección de mi idea, como si fuera algo ajeno a mí. Lo que ha ocurrido, tal y como lo he percibido, vuelve a ser recogido por mi mente y refuerza mi creencia de que “lo bueno dura poco” (refuerzo de mi creencia)

Evidentemente, ese proceso es automático y ocurre sin que yo sea consciente del movimiento. No cuestiono nada. Todo lo que ha sucedido es real para mí (testigos de mis pensamientos)

Lo secuencio en el orden correcto en que se ha producido todo en mi mente, porque es únicamente ahí donde “ha ocurrido” todo:

  1. En algún momento de mi vida, me creí que lo “bueno dura poco”
  2. Esa idea quedó en mi mente como una creencia validada por mí.
  3. La proyecté en la pantalla de mi mundo, de mi vida, pues toda idea o pensamiento en el sueño es proyectado al instante (movimiento natural)
  4. Me olvidé de esa idea, y aunque a veces la pueda tener presente, creo que es solo un pensamiento que no afecta ni tiene consecuencias en mi mundo.
  5. Como solo puedo percibir lo que yo misma he proyectado, me encuentro con una situación que representa mi idea de que “lo bueno dura poco”
  6. No identifico que esa idea viene de mí porque, además de haberme olvidado de ella, a saber el tiempo que ha pasado entre el momento que creí que eso era cierto y este momento.
  7. Así que lo vivo como algo que está ocurriendo y que, por casualidad, viene a confirmar mi pensamiento.
  8. Confirmo que tengo razón, he convocado a los testigos que certifican que “lo bueno dura poco”, y permito que la idea tome más fuerza en mi mente.

Así ocurre con todo, a cada instante, con cada detalle de mi vida.

Ese es el proceso que está vigente en mi mente, el sistema de pensamiento con el que me manejo.

A pesar de lo que soy, el Hijo de Dios, vivo la vida como una identidad individual, separada del resto, limitada a todos los niveles y víctima de un mundo que creo que ya estaba ahí cuando yo llegué a él.


Y entonces, ¿qué puedo hacer?

¡Pues nuevamente todo!

En el punto en el que estoy ahora, aunque siga experimentándome como un cuerpo, sé que soy el Hijo de Dios, que soy espíritu y mente, libre, con un poder creativo ilimitado.

Si acepto esa idea, al menos como una teoría, y reconozco que muchas cosas de las que vivo no me gustan, me alteran, me hacen sufrir, me preocupan, me dan miedo, y un sinfín de cosas más, puedo reconocer también que eso es así porque yo lo elegí. Y de la misma manera en que elegí lo que estoy viviendo, soy libre para elegir de nuevo.

Por la vía del razonamiento:

Si el mundo responde absolutamente a cada uno de mis pensamientos y lo que veo no me gusta, ¿será que cambiando mis pensamientos cambiará lo que no me gusta?

Si todo lo que hay en mi vida, son ideas proyectadas desde mi mente, ¿podría proyectar algo distinto?

La respuesta a estas preguntas es sí y sí.

Aunque este sencillo movimiento no puedo hacerlo por mi cuenta.

No puedo cambiar una idea fabricada por la parte de mi mente dormida, desde la parte de mi mente dormida.

Lo que sí puedo hacer, es tomar la decisión de permitir que ese cambio lo haga la parte de mi mente que sí sabe quien soy, que no está viviendo mis ilusiones, que no está viendo lo mismo que yo, porque no entiende de separación, limitaciones ni sufrimiento.

Esa es la parte que me toca a mí, como espíritu dormido. Desde aquí puedo reconocer que soy algo bien distinto, que soy perfecta, que no hay razón para sufrir y que estoy a salvo.

Pero mientras me identifique como ego (entidad individual y separada) y utilice su sistema de pensamiento, también he de reconocer que para mí, todo lo que vivo sigue siendo muy real.

Es todo cuanto puedo hacer, estar dispuesta a que mi mente sea corregida por algo que no puedo ver, que ni conozco ni comprendo.

Y hacer eso no es poco, lo es TODO.

El movimiento que estoy haciendo es infinitamente poderoso, pues estoy responsabilizándome de todo cuanto hay en mi vida.

Estoy asumiendo que todo es como es, porque yo deseo que sea exactamente así, aunque me haga sufrir.

Estoy dejando de culpar a todo y a todos los que participan de mi vida y asumiendo que todo ello está respondiendo a mis pensamientos, que todo ello representa cada una de las ideas y conceptos que hay en mi mente.

Estoy aceptando que mientras yo no desee cambiar esas ideas, nada puede cambiar, pues todo permanece siendo tal y como yo he determinado que sea, pues es el resultado de mi libertad y de mi poder creativo como Hijo de Dios.

Estoy colocándome en la doble posición de reconocer quien soy, a la vez que reconozco que yo misma diseñé una fantasía que no ha resultado exactamente como creí, y cuya única salida es desear salir.

Estoy asumiendo que la respuesta está en mí, en una parte de mi mente que yo misma bloqueé para no verla y poder vivir lo que estoy viviendo.

Desde aquí, en mi sueño de ilusiones, tengo a cada instante la oportunidad de elegir con qué sistema de pensamiento quiero operar, con quien me quiero aliar:

Con el sistema de pensamiento del ego, o con el sistema de pensamiento del Espíritu Santo.

De esa simple elección depende el mundo que veo:

Si elijo el sistema de pensamiento del ego, elijo juzgar. Y juzgar es fraccionar, quedarme con una porción del todo, la que más me conviene.

Es seguir viviendo mi vida como si estuviera separada de todo lo que no es mi propio cuerpo.

Seguir creyendo que no tengo nada que ver con la mayoría de acontecimientos de mi vida, y que ocurren de manera fortuita.

Si elijo el sistema de pensamiento del Espíritu Santo, elijo perdonar. Y perdonar es unir, aceptar que lo que veo fuera es un reflejo de mi mente y por tanto es un aspecto de mí que no está separado, sino en mí.

Es aceptar que soy Una con todo lo que hay en mi vida, sin excepción.

Y significa que comprendo que esa verdad no puedo integrarla sola, debido a todas las creencias que he fabricado en mi sueño.

Pero significa también, que estoy dispuesta a permitir que esos obstáculos sean eliminados.

Las reglas del juego son simples:

Juicio o Perdón

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